Un mes antes de Navidad, justo justo, conmemoramos la memoria de Dorothía Ekateriná. Leyenda o dato histórico, poco importa, lo que importa es la inspiración y el ejemplo de este personaje, notable miembro de la Escuela de Alejandría, que convierte a la fe cristiana a toda una comisión de sabios escogida para convencerla a ella de que está en el error. Y no lo hace entre luces sobrenaturales y beatíficas nubes de incienso, sino mediante sólidos argumentos racionales. Porque es el hecho de ser pensantes, es el hecho de ser la Razón del Universo en el doble sentido lo que nos capacita a nosotros, homo sapiens que puede llegar a ser sapies sapiens (es más: llamado a ser sapiens sapiens o nos quedamos a medio camino), lo que nos capacita para dialogar con la Razón divina, con la Claridad y la Fuerza que llamamos Dios y que un día se nos presentó entre nosotros, Hombre entre los Hombres.
Entre Samhain y Navidad, la fiesta de Santa Catalina de Alejandría marca el momento ideal para la siembra. «Por Santa Catalina todo lo que se planta enraíza» afirma el viejo refrán francés. Y a partir de hoy, la Tierra acaba el reposo y empieza la actividad frenética que llevará a la emergencia de los primeros brotes verdes, de la primera esperanza del renacer de la Vida y el remontar de la Luz precisamente en la noche de Imbolc, cuando recordamos a otra mujer sabia, la otra patrona de los filósofos: Brighid de Kildare. Santa Brígida de Irlanda.
Sembremos pues. Y no sólo semillas orgánicas en la Tierra Viva. Sembremos también semillas de Luz en la Tierra Pensante, para que enraícen y empiecen a desarrollarse fuertes y sanas en el seno de la noche invernal, y así puedan emerger cuando llegue el momento, resplandecientes flores nuevas de donde nacerán los frutos del verdadero progreso humano.