Este año el Día del Libro se presentaba especial para mí, porque por primera vez tenía hijos de papel esperando lectores, esperándolos con impaciencia.
Y de repente todo se torció. Un enemigo invisible penetró en nuestras vidas y las perturbó puede que para siempre. Nos encerró en casa, dependiendo de estas ventanas virtuales para abrirnos al mundo.
Pero…
Pero podemos aprender de él. Porque una de las maravillas de ser racionales es esta: podemos aprender algo bueno incluso de aquello que nos amarga la vida, nos la perturba y nos provoca dolor. Y de este enemigo invisible podemos aprender a «contagiar», a penetrar en las almas como él penetra en los cuerpos. Sólo que mientras él oscurece nuestras células negándoles el oxígeno necesario, nosotros iluminamos nuestros noogenes esparciendo ideas nuevas y constructivas, capaces de impulsarnos hacia adelante pudiendo con todo. Incluso con un enemigo invisible para nuestros ojos orgánicos que viene fastidiarnos el día a día y nos impide abrazarnos
Y en esto, nuestros amigos de papel son únicos: con ellos podemos estar encerrados en casa, llevárnoslos a nuestro rincón tranquilo, a nuestro ángulo preferido del sofá, a la cama… Estemos donde estemos, con ellos aprendemos algo bueno, viajamos a mundos insospechados, vivimos aventuras fantásticas, conocemos a hombres y mujeres que nunca hubiéramos esperado encontrarnos en nuestro camino…
Y en este Día del Libro, el mundo virtual nos es precioso para propiciar estos encuentros.
¡¡¡APROVECHADLO!!!