Tl día como hoy, en 1151, moría en Abad Suger de Saint-Denis. El gran padre del Arte de la Luz (que mal llamamos «gótico») y quien puso las bases del Estado Moderno. Había enfermado fatalmente meses antes y con encomiable sentido del humor, deseaba no morir hasta después de Navidad para no fastidiar las fiestas a sus monjes con un duelo. Lo logró: Suger murió durante las segundas vísperas de la Octava de la Epifanía, la liturgia que cerraba el ciclo navideño. Dejó un legado de Luz y Vida del cual aún hoy podemos aprender y usar para seguir caminos de verdadero progreso humano. Pero ¿quién lo recuerda? No lo olvidemos. Fue unos de los grandes crísticos de la Historia de Europa, uno de esos personajes capaces de centrar su mundo y arrastrarlo hacia adelante, hacia la Luz de Omega, abriendo caminos nuevos y poniendo al Ser Pensante ante nuevos retos de perpetuo crecimiento y perpetuo aprendizaje… Se ganó uno de los epitafios más hermosos nunca escritos: «EN UN MUNDO DE SANTOS Y HÉROES, FUE SIMPLEMENTE HUMANO. UN HOMBRE BUENO QUE HIZO COSAS BUENAS».
Ojalá se pudiera decir lo mismo de todos nosotros…