Saltar al contenido
Menú
Mariam Noguera
  • Hola
  • MIS LIBROS
    • El secreto de ARGOS
    • La hija de Ana
    • Finis Terrae
    • La Reina Perdida
  • Blog de Mariam
  • Galería
    • La Seu de Manresa
  • Sobre mi
  • Contacto
Mariam Noguera

El Sol se oscureció, la Tierra tembló…

Publicada el 02/04/202102/04/2021

¡Por fin Jerusalén! Y sin embargo Artabán en lugar de alegría sintió zozobra, como si una mano le oprimiera el corazón. Era la vigilia de la Pascua y los habituales campamentos estaban ahí, pero se le antojaron mudos, sin la animación que debería emanar de esas tiendas llenas de gente con ganas de jolgorio. Se acercó a una de las puertas por donde solían entrar los mercaderes y los viajeros de tierras más lejanas, vio a algunos hombres discutir con guardianes, legionarios romanos para más señas, y a un tipo vestido con ropajes más o menos fenicios, que se alejaba mascullando entre dientes, se le acercó para preguntarle qué ocurría:

— ¡Una ejecución! Y por lo visto temen disturbios y el gallina del gobernador ha mandado cerrar las puertas. ¡Ya te digo! ¡En plena Pascua! ¿Y el negocio? Yo vengo de muy lejos para ganar unos denarios y me cierran las puertas en las narices…

            — Pero… ¿de quién se trata? Debe de ser alguien importante para tomar tantas precauciones…

            — ¡Ca! Un tipo raro de no sé donde, de Galilea, creo. Pero el tipo atrae a mucha gente y…

            La mirada de Artabán impresionó de algún modo al indignado mercader, que sintió la necesidad de justificarse:

            — ¿Qué? Yo soy cananeo, no judío. Vengo a trabajar, ¿entiendes? No me interesan los cuentos de viejas de esta gente y…

            — ¿Sabes cómo se llama?

            — ¿Quién?

            — El… el hombre de Galilea, el hombre que…

            — ¡Ah, ese! Isho, Ieshu, Yeshua… algo así… ¡Nazareno! ¡Eso! Algunos le llaman “Nazareno” porque es de algún lugar perdido llamado Nazaret… ¿Puedes creértelo? ¡Y ha tenido que parar aquí precisamente ahora! Ya te digo yo que…

            — ¿Dónde?

            — ¿Dónde qué?

            — ¿Dónde van a ejecutarlo?

            — Pues en la colina esa que llaman Gólgota, como siempre. Ese lugar debe de estar maldito con la de…

            Pero Artabán dejó de escucharle y se alejó a toda prisa hacia otra zona de las murallas. El mercader cananeo meneó la cabeza pensando que en este país todo el mundo estaba un poco loco y siguió a lo suyo. Y sin embargo Artabán sabía lo que se hacía. Recordaba, de sus días en casa de Ezra, una pequeña entrada casi clandestina en un lugar inusual, por donde muchas veces los lugareños evitaban lo habituales atascos en las puertas principales. Lo llamaban “el ojo de la aguja”. Y lo recordaba, porque una de las veces que él y Ezra habían salido de la ciudad, al volver, su anfitrión pensaba entrar por esa puerta y se encontraron con que alguien había intentado pasar con un camello cargado y la pobre bestia estaba atascada bramando del susto mientras su dueño y otra gente de buena voluntad se afanaban en aligerarle la carga, cosa difícil por lo estrecho de la abertura. Ezra, meneando la cabeza compadecido por el pobre animal, le había contado que “el ojo de la aguja” tenía fama de permitir el paso justo, justo a un camello, no demasiado grande y sin carga, y que el habla popular usaba esta expresión para definir algún tipo de dificultad: “tal cosa es más difícil que hacer pasar un camello por el ojo de la aguja”.

            Al ritmo de sus recuerdos pasados y jadeando por la congoja presente, Artabán llegó a su destino. El lugar estaba desierto y el cielo se oscurecía por momentos de un modo inquietante, o era su ánimo que le hacía ver presagios siniestros en simples nubes anunciando una tempestad primaveral. Penetró por el estrecho pasadizo y empujó la gruesa puerta de madera. La puerta cedió a sus esfuerzos (“nunca la cierran durante el día, le había contado Ezra in illo tempore, pero casi nadie lo sabe. A veces, cuando se debe reforzar la guardia de las otras entradas por cualquier razón, la dejan sin vigilancia, simplemente ajustan la puerta de madera. Como es muy gruesa y pesada, nunca cede al primer impulso, y casi nunca al segundo y pocas veces al tercero, y a nadie se le ocurre seguir insistiendo.”). Artabán penetró en la anhelada Jerusalén por aquel laberinto de estrechos callejones entre los cuales solamente los buenos conocedores de la ciudad eran capaces de orientarse y empezó a reseguirlos intentando pensar hacia donde caía el Gólgota, lo situaba vagamente en el extremo opuesto de la urbe… No tardó en extraviarse por entre aquel dédalo suburbial, incapaz de señalar los puntos cardinales, buscando desesperadamente un destello de vida en aquel mundo fantasmagórico cada vez más angustioso, y entonces…

            El Sol se apagó del todo y el cielo acabó de oscurecerse de un modo extraño, con un color rojo sangre tiñendo las nubes cargadas de electricidad escupiendo centellas. Artabán se sintió poseído por un terror incomprensible, no podía seguir andando y estuvo dispuesto a jurar que sus ojos se cegaban velados por densas tinieblas pobladas de amenazas. De repente sonó un plañido lúgubre y abisal, como emanado de los avernos, de todos los inframundos reales e imaginarios, y la Tierra empezó a temblar. No era el primer sismo que vivía Artabán, pero este era distinto de las típicas sacudidas y los crujidos normales. Era el temblor de un cuerpo vivo herido en lo más profundo de su ser, un gemido de desesperación como nunca había sonado desde que el mundo era mundo. “¡Dios ha muerto!”. La mente de Artabán formuló estas palabras sin que la voluntad entrara para nada, notó como el temblor de la Tierra se contagiaba a su propio cuerpo y las piernas no lo sostuvieron, perdió el control de sus miembros y cayó de bruces mientras la percepción del suelo vacilante se hacía más y más intensa, rodó hacia los muros de las casas para buscar un refugio, pero los vio agrietarse y caérsele encima; en un impulso animal de supervivencia, se protegió la cabeza con las manos y se dobló sobre sí mismo en posición fetal, notó el roce de las piedras sobre la carne,… Todo terminó como había empezado: cesaron los temblores, y un silencio extraño lo poseyó todo como si la vida hubiera sido succionada de la Tierra, el silencio de las tumbas; Artabán no osaba ni moverse, ni respirar casi, con las manos en la cabeza y encogido entre las piedras de una casa ruinosa, no notaba los latidos de su corazón y al caer en la cuenta se estremeció de puro horror, porque si esto era la muerte, era lobreguez para los ojos y lucidez para el alma en un abismo insondable. Nunca sabría decir cuánto tiempo pasó, puede que el tiempo se hubiera detenido y el espacio desaparecido, tragado por la negrura, y de repente penetró luz entre sus párpados cerrados con fuerza y una voz lo llamó con una resonancia extraña. “¡Artabán!” Se movió muy lentamente, levantó la cabeza, abrió los ojos y la luz lo cegó, hizo de sus manos una pantalla protectora, pero solo fue capaz de vislumbrar una silueta luminosa que se le acercaba, la misma voz murmuró a ras de oído en un tono muy dulce: “¡Gracias por tu regalo, Artabán! Ha sido el más hermoso de toda mi vida entre vosotros.” La luz se apagó y volvió la oscuridad hasta quién sabe cuándo, hasta que otra voz volvió a taladrarle el cerebro en un tono muy distinto, lleno de angustia:

            — ¡Amigo! ¿Puedes oírme? ¿Te encuentras mejor?

MARIAM NOGUERA-ALGUÉ, El Mago de Gadir (inédito, por poco tiempo…)

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entradas recientes

  • El Mago y el Apóstol
  • NOCHE MÁGICA EN LAS PUERTAS DEL MÁS ALLÁ
  • Había una vez… UN REY y UNA REINA…
  • EN LAS PUERTAS DEL MÁS ALLÁ
  • DIA DE DRAGONES AMANTES Y ROSAS BLANCAS

Categorías

  • El Genio de la Lámpara
  • La Cosmovisión Celta
  • Las historias del Bounó Katarameno
  • Mis hijos de papel
  • Mis libros
  • Uncategorized
Logo Mariam Noguera

MARIAM NOGUERA-ALGUÉ
mariam@mariamnoguera.com

Mis Libros

El secreto de Argos
La hija de Ana
Finis Terrae
LA REINA PERDIDA

Entradas recientes

  • El Mago y el Apóstol
  • NOCHE MÁGICA EN LAS PUERTAS DEL MÁS ALLÁ
  • Había una vez… UN REY y UNA REINA…
  • EN LAS PUERTAS DEL MÁS ALLÁ
  • DIA DE DRAGONES AMANTES Y ROSAS BLANCAS
  • Lα fuerza de un recuerdo
©2025 Mariam Noguera | Funciona con SuperbThemes
Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea.Configuración de cookiesACEPTO
Política de Privacidad y Cookies

Privacy Overview

This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these cookies, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may have an effect on your browsing experience.
Necessary
Siempre activado
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Non-necessary
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.
GUARDAR Y ACEPTAR