Un djïnn que nos dicen es maligno nos ha confinado en casa. Han creado una Esfera protectora que nos dicen es capaz de salvarnos a todos. Pero el Hombre no está hecho para las Esferas, lo sabemos, lo sentimos en el meollo del alma. Y queremos escapar. Y entonces nos damos cuenta de que el Hombre (barón y hembra como se dijo desde el Principio) no puede ser encerrado porque su Razón lo impide. Podemos tener el cuerpo prisionero, pero la Mente siempre alerta nos empuja a romper todos los límites de todas las Esferas limitadoras desde la Noche de los tiempos y emerger en el vértice del Cono para contemplar el Universo desde arriba. Y no, no es volar con polvos de hada. Es otra cosa: es caminar como vagabundos en la noche, contemplando las estrellas, sabiendo que en un momento dado aparecerá la Aurora y caminaremos hacia la Luz de un nuevo día. Es simplemente SER HUMANO.
No sé si alguien me lee y me gustaría saberlo. Me gustaría llevar hasta los confines de la Tierra. Hasta el Finis Terrae real y metafórico a la vez, la voz de la Esperanza que nació en mis historias, porque en el fondo no son «mías». Ninguna historia es de su autor. Cuando empiezas a crear usas el polvo de tus recuerdos, de tus vivencias, de tus noogenes más íntimos y recónditos, pero así que soplas encima para darles fuerza vital, en un momento dado te das cuenta de que escapan a tu absoluto control, crecen a sus anchas, tiene vida propia, y dependen de ti solamente para que esta Vida salga a la Luz. Entonces sabes lo que sintió Dios al crear el Mundo.
Pero no es bastante. Cuando daba clases en la universidad, tuve la experiencia siguiente. Un día estás hablando, te apasionas porque lo que transmites es apasionante, tu voz gana fuerza y convicción porque sabes que comunicas una Verdad en la que crees, y no porque te la hayan transmitido y la repitas dócilmente, sino porque la has Visto con la visión druídica de tu Razón. Y entonces, en un momento dado ves un rostro. Un rostro joven o maduro, no importa, que has contemplado días y días lamentando su expresión neutra siguiendo tus historias por pura rutina, oyendo, pero quizás no escuchando, un rostro que te angustia un poco porque no estás segura de si «está» ahí… Y en ese instante lo ves, y de repente sus ojos se iluminan, su alma se despierta, su expresión se hace radiante. y SABES que ha escuchado, ha comprendido y comparte tu Verdad porque se ha encendido en su mente una luz que nunca jamás se apagará… Y entonces sabes lo que sintió Dios al crear el Hombre.
Y ahora que alguien quiere mandarnos al Tártaro que sé inexistente, hundirnos en el Inframundo tenebroso, vacío y frío… Yo me niego a descender y me quedo en la Cueva de Piedras Negras, en la calidez del fuego terrestre. Y desde aquí cuento su historia porque es una historia de esperanza, la Esperanza que encontró Pandora cuando abrió la caja y los males se expandieron por el Mundo: pequeña y frágil, pero LUMINOSA.
Y me gustaría ver los ojos luminosos de quien la lea, saber que de algún modo he provocado Luz y he engendrado Vida. ¿Es algo pretencioso? ¡Pues bendita pretensión la que pretende crear lazos de amor y comprensión entre los humanos!
Aquí estoy y aquí estáis. Encerrados en nuestras Esferas por imperativo legal, emerjamos en el vértice de nuestros Conos y salgamos a la Luz a través de los medios que nosotros mismos hemos creado. Y creemos a nuestra vez Caminos luminosos de Esperanza.
Ilustro esto con una imagen que no es nueva. La capté en una vieja iglesia barcelonesa: la salida hacia la Luz se nos antoja pequeña y lejana, pero si somos capaces de mirar y ver, nos damos cuenta de que las piedras ennegrecidas por el tiempo la irradian y la transforman en un canto de vida y color.