Con la esperanza de la Luz que remonta y la Vida que renace, en la noche de Imbolc y bajo el resplandor de Santa Brígida de Kildare, la Mujer Sabia, ha llegado mi cuarto hijo de papel.
«La Reina perdida» es una historia inspirada en tiempos remotos de civilizaciones perdidas, pero donde el ser humano se reconoce por su capacidad de amar, de ser generoso, de ayudarse mutuamente, por su insaciable anhelo de aprender y de compartir lo aprendido.
Es una historia que se desarrolla en sociedades pequeñas pero para nada cerradas. Una historia que en principio debía de ser algo muy simple, un pequeño relato para comprender el origen de la «Tabla de Tigridia» que se menciona en «El Secreto de Argos», pero rompió los diques y inundó páginas y páginas, como la furia de los «ríos gemelos», porque los personajes no se conformaron con un pequeño esbozo de sus vivencias, me exigieron abrir sus almas.
Así que aquí la tenéis. Y no ha terminado, pues la historia que encierran estas páginas ha desbordado de nuevo y sus aguas me llevan en una de las barcas celtas guiadas por los espíritus buenos hacia… No lo sé aún. Hacia algo que aparecerá a la luz en un futuro no muy lejano.