Cuando se contempla la imagen de la Reina que tanto impacta a Mélina Klimatsakis al descubrirse como Hija de Ana, un haz de chispas ilumina la mente. En un primer momento es como la entrada en erupción de un violento volcán. Luego, el susto inicial remite y nos damos cuenta de cuántas imágenes se clarifican y distinguen en su luz.
Una, la para muchos molesta realidad escondida detrás de esa cortina de humo que es el mito de la Magdalena. La respuesta a la inquietante pregunta de por qué se ha tomado tan en serio una leyenda que en otro contexto podría incluso parecer ridícula, a todas luces tambaleante en todos los aspectos. La respuesta está ahí, lista para ser captada. Y su verdad se muestra en un amplio abanico de imágenes hermanas, no todas contemporáneas de la imagen central del Retablo, también contemporáneas nuestras. Perturbadoramente presentes, escapando de las oscuridades y saliendo a la luz por las grietas del pensamiento no bien este pensamiento reflexiona con un mínimo de honradez y busca la luz venciendo los miedos.
La otra es el error en la interpretación del Santo Grial. Porque el Santo Grial no es un objeto pretendidamente «mágico». ES magia. Un grial es el contenedor donde se transmuta la materia y se genera una nueva realidad. El Santo Grial es la noogénesis de la nueva raza humana fecundada por el Rey en el útero de la Reina en un acto de amor igual, fraterno y libre. El paso definitivo del Ser pensante hacia su (voluntaria) condición plena de sapiens sapiens. No un simple paso hacia adelante, hacia la luz de Omega, Es el punto cero a partir del cual ya nada será como antes, totalmente imposible de revertir, de volver atrás.
Y ambas revelaciones se unen en la realidad de la Reina. La igual del Rey. En ella no puede haber nada, NADA, que la haga inferior. Nada que la someta. Sentados en el trono de Luz, la Reina y el Rey, juntos, crean el nuevo mundo que irradia de ellos y hacia ellos. Que se hace real en ellos, por ellos, con ellos… Cuando emergen en el vértice del cono, fruto de la más gran erupción noogenética, todos los esquemas se han roto y todos los lazos han desaparecido… La definitiva Alquimia. De la cual la otra (también presente en el retablo, claro) no es más que un pálido esbozo.
Y todo está aquí, a plena luz. No se piden caminos iniciáticos, ni especiales dotes para descifrar complejos enigmas. Solo mirar. Y tener valor para aceptar lo que se ve…
Esta es la historia transmitida por mi novela La Hija de Ana. Una lectura emocionante ahora que las mujeres somos protagonistas y no podemos salir a proclamarlo. La historia que nos revela nuestra realeza como Hijas de Ana borrando para siempre la maldición de las hijas de Eva. Un momento calma para reflexionar seriamente en los días pascuales, cuando el mito que enmascara tal belleza será otra vez manoseado hasta la saciedad. Un proyecto para preparar el Camino que lleva al Finis Terrae en este año y el próximo. La luz al final del túnel entre las mil irisaciones del Año Santo. Y mucho más.
Así que ya sabéis, nos encontramos en mis historias (todas en amazon.es) …