Noche de Samhain. La cuarentava noche después del Equinoccio de Otoño. La llamamos noche de brujas, la llenamos de detalles tétricos y demasiadas veces escabrosos, y nos dedicamos a meternos miedo unos a otros. Pero nada más lejos. Esta debería ser una noche REALMENTE MÁGICA, rezumar la alegría de los niños corriendo de casa en casa a la búsqueda de dulces – ¡truco o trato! – y dejarnos sentir un ligero escalofrío cuando se intuye el misterio, «lo otro», la maravilla de un pequeño halo luminoso en la oscuridad que tanto puede ser el parpadeo de una linterna como el aleteo de un hada…
Porque en origen, el Samhain de nuestros padres celtas era una noche para el reencuentro. Esta noche, Antares, el astro más luminoso de la constelación de Escorpión, brilla en la vertical del Sol y anuncia el comienzo del nuevo año: la Tierra acaba su reposo y se prepara para reiniciar el ciclo de la Vida. Sí. La Tierra no descansa ni mucho menos bajo la nieve del invierno, se limita a hacerlo en la franja que va de las cosechas a la siembra. Bajo las nieves del invierno, la Tierra está activísima, por mucho que nosotros no lo veamos hasta la emergencia de los primeros brotes verdes en Imbolc… Ver con los ojos del cuerpo, se entiende, porque con los del alma lo vemos desde el primer momento. Sólo hace falta estar atentos y abrir la mente más allá de nuestras cuatro paredes…
Así pues, la noche de Samhain se acaba el reposo, la Tierra y el Cielo están relajados, las separaciones entre los diversos mundos se atenúan y nos es posible comunicarnos con ellos. Por ejemplo el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Esta noche podemos contactar con nuestros seres queridos que se fueron para siempre al Más Allá, podemos sentirlos con más fuerza que nunca, y ellos se acercan a nosotros y nos dejan sus presentes para hacernos saber que no están lejos, que siguen amándonos…
Sí, claro que en la noche de Samhain hay quien debe sentir miedo: aquellos que han robado, matado, estafado, violado… Todos aquellos que en el otro mundo tienen a un alma herida y quizás resentida, porque esta noche puede volver para vengarse. Pero…
Pero esta noche, apenas el Sol desaparece por el Occidente, un centelleo de chispas multicolores vence la oscuridad en la cima del Bounó Katarameno, del Monte Maldito que a decir de todos guarda el paso del «Diablo», emergen de un punto de la Tierra, se elevan alegremente hacia el Cielo y se posan en las ramas del Gran Árbol; las chispas se harán más y más brillantes a medida que la noche se alargue y la tiniebla se intensifique en su camino hacia el Solsticio, cuando en las horas más oscuras del año, todos celebremos el triunfo de la Luz. El chisporroteo del Gran Árbol centelleará hasta Imbolc, hasta que la emergencia de la Luz ya sea evidente y los primeros brotes verdes aparezcan en la Tierra anunciando el renacer de la Vida.
Y cuando los miremos irradiar en la noche nos dirán algo. Lo dirán a todo aquel que tema a los espíritus de Samhain: en lugar de temer la venganza, ¿por qué no buscar el Perdón? ¿Por qué no aprovechar esta noche para mirarse a los ojos y abrazarse? El Monte Maldito nos recuerda que nada es irreversible. El Hombre, Ser Pensante, siempre puede pararse, reflexionar, reconocer su error y su yerro, y pedir y dar el Perdón. Y así dejaremos de temer a los espíritus. Así podremos recibirlos con la alegría del reencuentro, sentirnos nosotros mismos un poco criaturas del Otro Mundo y jugar a «truco o trato» entre parpadeos luminosos en la noche oscura…
¡Ah! ¿Y sabéis una cosa? Samhain es la única de las cuatro noches intermedias entre los Solsticios y los Equinoccios que no está dedicada a ningún espíritu en concreto. Imbolc es la fiesta de Brighid, Beltain la de Belanus y Lugnasad la de Lug, los tres espíritus luminosos…, pero Samhain… Bueno, Samhain es el secreto guardado bajo las ramas del Gran Árbol, por eso es la Noche del Reencuentro.